En un hermoso bosque, vivía una pequeña tortuga llamada Tita. Tita estaba muy feliz porque llegó el verano. "¡Es hora de jugar!", decía Tita.
Un día, Tita salió de su casa. "¡Hola, amigos!", saludó a sus amigos, el conejo Rocco y el pájaro Pío. "¿Qué vamos a hacer hoy?", preguntó Tita con emoción.
"¡Vamos a la playa!", gritó Rocco. "¡Sí!", dijo Pío. Tita sonrió. "¡A la playa!", repitió.
Los tres amigos caminaron juntos. El sol brillaba y el aire olía a flores. Tita decía: "Me gusta el verano. Me gusta jugar". Rocco saltaba y Pío volaba. Todos estaban muy felices.
Llegaron a la playa. Tita se mojó las patas en el agua. "¡El agua está fresca!", dijo. Rocco saltaba en la arena. "¡Hagamos castillos!", propuso. "¡Sí!", respondió Tita, "¡castillos de arena!".
Juntos empezaron a construir un gran castillo de arena. Tita hacía la base, Rocco hacía torres, y Pío decoraba con conchas. "¡Mira nuestro castillo!", dijo Tita, muy orgullosa.
"¡Es hermoso!", dijo Rocco. "¡Bravo, amigos!", dijo Pío. Todos aplaudieron. "¡Teamwork!", gritó Tita. "¡Juntos es mejor!".
Después de jugar, se sentaron en la arena. "Es un buen día", dijo Tita. "Sí, un día feliz", agregó Rocco. "Me gusta el verano", cantó Pío.
El sol comenzó a esconderse. "Es hora de volver a casa", dijo Tita. "Pero volveremos mañana", prometió Rocco. "¡Sí, mañana!", gritó Pío.
Tita sonrió y pensó: "El verano es para jugar, aprender y ser feliz con amigos". Y así, los tres amigos regresaron, soñando con más aventuras. Fin.