—¡Mira, mira! —dice Tomás, el niño de dos años. Está en el parque con su mamá y su perro, Max.
—¿Qué ves, Tomás? —pregunta su mamá, sonriendo.
—¡Pájaros! —responde Tomás, señalando al cielo. Los pájaros vuelan alto y cantan.
—Sí, son bonitos —dice la mamá—. ¿Quieres jugar un poco?
—¡Sí! —grita Tomás, saltando de alegría.
Tomás corre hacia el columpio. Max corre detrás de él.
—¡Empújame, mamá! —pide Tomás.
—Está bien, aquí voy —dice la mamá, empujando suavemente. Tomás ríe.
—¡Más alto, más alto! —grita Tomás.
Max ladra feliz mientras corre alrededor del columpio.
—Mira, Max —dice Tomás—. ¡Estamos en vacaciones!
—Sí, son vacaciones de verano —responde su mamá—. Podemos jugar todo el día.
Después de jugar, se sientan en la hierba. Tomás saca una galleta de su mochila.
—Galleta, mamá —dice Tomás, ofreciéndole una.
—Gracias, cariño —responde la mamá, tomando la galleta.
Max se sienta y mueve la cola.
—Max quiere —dice Tomás, riendo.
—No, Max. Solo para nosotros —dice la mamá.
Al final del día, Tomás está cansado pero feliz.
—Hoy fue un buen día, ¿verdad, mamá? —pregunta.
—Sí, muy bueno —responde ella.
Tomás sonríe. Las vacaciones son divertidas.