El sol brilla en el cielo. Pablo, un niño de dos años, se despierta. ¡Es verano! Se levanta y dice: "¡Mamá, vacaciones!"
Mamá sonríe. "Sí, Pablo, hoy vamos a hacer un picnic." Pablo salta de alegría. "¡Sí, picnic!"
Pablo ayuda a mamá a preparar la cesta. "Pan, fruta, galletas," dice Pablo. Mamá dice: "Muy bien, Pablo. ¡Listo para el picnic!"
Llegan al parque. Hay árboles grandes y flores. Pablo corre y dice: "¡Mira, mariposas!" Las mariposas vuelan. Pablo ríe.
En el parque, hay amigos. "¡Hola, amigos!" grita Pablo. Todos juegan juntos. Juegan a la pelota. "¡Pásame la pelota!" dice uno. Pablo la atrapa. "¡Bien hecho, Pablo!" dicen sus amigos.
Después, es hora del picnic. Se sientan en la manta. Mamá dice: "¡A comer!" Todos disfrutan. "¡Yum, delicioso!" dice Pablo. Todos ríen y comen.
Después de comer, van a jugar cerca del lago. “¡Agua!” grita Pablo. Él salta y juega. "¡Mira, un pato!" dice un amigo. Pablo observa al pato nadar.
Cuando el sol se pone, es hora de ir a casa. "Gracias por el día," dice mamá. Pablo sonríe. "¡Quiero más días así!"
En casa, Pablo se siente feliz. "¡Vacaciones son divertidas!" dice. Mamá lo abraza. "Sí, Pablo, las vacaciones son para disfrutar."
Pablo cierra los ojos. "Mañana será otro gran día," piensa. Y así, el verano sigue lleno de risas y juegos.