Un dĂa soleado, un niño llamado Lucas se despertĂł con una gran sonrisa. ¡Era verano! Lucas tenĂa dos años y estaba muy emocionado. Hoy iba a ir de camping con su mamá y su mejor amigo, Tomás.
—¡Mamá, vamos! —gritó Lucas, saltando de felicidad.
Su mamá sonrió y dijo:
—¡SĂ, Lucas! ¡Vamos a hacer una gran aventura!
Empacaron muchas cosas. Lucas ayudó a cargar la mochila. Llevaban galletas, agua y un juguete de playa. ¡Era muy divertido!
Cuando llegaron al camping, Lucas vio muchos árboles altos. Las hojas verdes brillaban bajo el sol. Tomás llegó corriendo.
—¡Hola, Lucas! —dijo Tomás—. ¿Qué vamos a hacer primero?
—¡Construir una casa! —respondió Lucas, señalando un lugar con muchas ramas.
Los dos amigos comenzaron a juntar ramas. Lucas decĂa:
—¡AquĂ! ¡Y aquĂ!
Tomás ayudaba. Juntos reĂan y jugaban. Construyeron una pequeña casa. Era su refugio especial.
DespuĂ©s, fue hora de ir a la playa. El mar brillaba y las olas hacĂan ruido.
—¡Mira el agua! —gritó Lucas, corriendo hacia la orilla.
Jugaban en la arena, hacĂan castillos y buscaban conchas. Lucas dijo:
—¡Vamos a hacer un gran castillo!
Tomás y Lucas trabajaron juntos. Con cada cubo de arena, se reĂan más. Al final, habĂa un castillo hermoso.
Al caer el sol, Lucas y Tomás se sentaron junto a su mamá y comieron galletas.
—¡Este fue el mejor dĂa! —dijo Lucas, con los ojos brillantes.
Su mamá sonrió y dijo:
—SĂ, Lucas, porque jugar y compartir es lo más divertido.
Y asĂ, Lucas aprendiĂł que el verano está lleno de aventuras y risas con amigos. Fin.