Capítulo 1: El gran zapato saltarín
En el bosque de los colores locos, vivía Pompón, un dragón pequeñito con alas de purpurina y una gran sonrisa. Un día, Pompón se despertó y no encontró su almohada. En su lugar, había un enorme zapato azul, ¡más grande que él!
—¿Pero qué hace un zapato aquí? —preguntó Pompón, rascándose la cabeza con su cola.
El zapato saltó de repente y gritó:
—¡Hola, Pompón! ¡Soy el zapato saltarín y me gusta brincar por todos lados!
Pompón se rió tanto que le salió humo de la nariz.
—¿Puedo saltar contigo? —preguntó Pompón.
—¡Claro que sí! Pero primero, tienes que decir “brinca, brinca, zapato azul” tres veces.
Pompón respiró hondo y dijo con voz suave:
—Brinca, brinca, zapato azul. Brinca, brinca, zapato azul. Brinca, brinca, zapato azul.
De repente, ¡Pompón y el zapato comenzaron a saltar muy alto! Saltaron por encima de los arbustos, de las flores y hasta de una nube de algodón de azúcar.
—¡Esto es muy divertido! —gritó Pompón, riendo y dando vueltas en el aire.
El zapato saltarín giraba y giraba, haciendo ruidos chistosos: “¡Boinng! ¡Boinng!”
Capítulo 2: El paraguas que canta
Mientras saltaban, de pronto apareció un paraguas rojo con lunares verdes. El paraguas cantaba una canción muy tonta:
—¡Paraguas, paraguas, gira sin parar! ¡Si me abres, te haré bailar!
Pompón y el zapato saltarín se miraron sorprendidos.
—¿Un paraguas que canta y baila? —preguntó Pompón.
El zapato saltarín rió:
—¡Nunca había visto algo tan raro!
El paraguas se acercó bailando y dijo:
—¿Queréis bailar conmigo la danza del paraguas loco?
Pompón y el zapato saltarín dijeron que sí y todos bailaron en círculos. El paraguas giraba y giraba, y de repente, ¡empezó a llover caramelos de colores!
Pompón abrió la boca y atrapó un caramelo azul.
—¡Mmm, qué rico! —dijo con alegría.
El zapato saltarín atrapó un caramelo rosa y el paraguas se llenó de caramelos en su tela.
—¡Esto es lo más divertido del mundo! —gritó Pompón.
Capítulo 3: El lío de los caramelos
De repente, los caramelos empezaron a rodar por todas partes. Pompón, el zapato saltarín y el paraguas resbalaban y daban vueltas.
—¡Ay, ay, ay! —decía el zapato, patinando de un lado a otro.
—¡No puedo parar de girar! —cantaba el paraguas, dando vueltas.
Pompón rodó y rodó hasta chocar suavemente con el zapato.
—¡Esto es una montaña rusa de caramelos! —se rió Pompón.
Entonces, Pompón tuvo una idea:
—¡Vamos a recoger los caramelos y a hacer una torre!
Entre los tres, recogieron todos los caramelos y construyeron una torre tan alta que casi tocaba las nubes. Cuando terminaron, se abrazaron y se rieron mucho.
—¡Qué día más loco y divertido! —dijo el zapato saltarín.
—¡Me encanta bailar y saltar con vosotros! —dijo el paraguas.
Pompón sonrió, se tumbó sobre la torre de caramelos y susurró:
—Ojalá todos los días sean así de dulces y saltarines.
Y así, Pompón, el zapato saltarín y el paraguas cantante siguieron bailando, saltando y riendo en el bosque de los colores locos, donde cada día era una nueva aventura llena de alegría y dulzura.