Capítulo 1: El zapato que canta
Una mañana muy soleada, Martina estaba sentada en el suelo de su cuarto, mirando sus calcetines de lunares. De repente, debajo de la cama, vio algo que brillaba. Martina se agachó y, con sus deditos, sacó… ¡un zapato azul gigante! Pero este zapato no era normal. ¡El zapato cantaba!
—¡La la laaa! —dijo el zapato, moviendo los agujetas como si fueran bigotes.
Martina abrió los ojos muy grandes.
—¿Tú hablas? —preguntó Martina, muy divertida.
—¡Y canto! —dijo el zapato, saltando por la habitación—. ¡Y bailo si quiero! ¿Quieres bailar conmigo?
Martina se rió y, claro, quiso bailar. Se puso el zapato gigante en un pie. De repente, su otro pie se puso celoso.
—Yo también quiero bailar —dijo el pie izquierdo de Martina, que de pronto tenía una voz muy graciosa.
Martina se rió otra vez. Ahora tenía un pie que hablaba y un zapato que cantaba. ¡Esto sí que era raro!
Capítulo 2: Las reglas locas del parque
Martina, el zapato cantante y su pie parlante salieron a la calle. Al llegar al parque, vieron un cartel muy extraño: “Hoy, solo se permite saltar hacia atrás y aplaudir con los pies.”
—¿Cómo se aplaude con los pies? —preguntó Martina.
—¡Así! —gritó el zapato, chocando con el pie izquierdo. ¡PAM! ¡PAM! Sonaba muy gracioso.
Martina intentó saltar hacia atrás, pero solo logró girar en círculos. El zapato cantaba cada vez que saltaba: “¡Saltar atrás es bailar, saltar atrás es cantar!”
—¡Qué divertido! —dijo Martina, y su pie izquierdo gritó—: ¡Vamos más rápido!
De repente, apareció un gato muy elegante, con sombrero y patines.
—¡Hola! Soy Don Gato Patín —dijo el gato—. En mi parque, hay otra regla: todos deben hacer la “danza del ombligo”.
Martina puso cara de sorpresa. El zapato cantó una melodía divertida y el pie izquierdo comenzó a girar. Martina, el zapato y el pie empezaron a mover la barriga de lado a lado.
—¡Esta danza es muy tonta! —dijo Martina, riendo.
—¡Las reglas locas son las mejores! —dijo Don Gato Patín, girando sobre un solo patín.
Capítulo 3: El gran desafío del paraguas invisible
De repente, el cielo se llenó de nubes rosas y empezó a llover zumo de naranja. ¡Pero no tenían paraguas!
—¡Debemos buscar un paraguas invisible! —dijo el zapato cantante.
Martina corrió con su zapato gigante, su pie parlante y Don Gato Patín por el parque. Miraron debajo de los bancos, dentro de las papeleras y hasta en la fuente de los patitos. Al fin, encontraron algo en el aire.
—¿Esto es? —preguntó Martina, tocando el aire.
—¡Sí! —dijo el pie izquierdo—. ¡El paraguas invisible!
Todos se apretaron debajo del paraguas invisible. El zumo de naranja caía por todas partes, pero donde ellos estaban, no caía ni una gota.
—¡Lo logramos! —gritó Martina.
El zapato empezó a cantar, el pie a bailar, y Don Gato Patín giró muy deprisa. Todos reían y bailaban bajo el paraguas invisible.
—¡Las cosas absurdas pueden ser muy divertidas! —dijo Martina.
Y así, Martina, el zapato cantante, su pie parlante y Don Gato Patín se quedaron bailando y riendo, felices y muy pegajosos, en el parque de las reglas locas.