—¡Mira, mamá! —dijo Monita—. ¡Voy a saltar muy alto!
—Salta, Monita, salta como una nube —respondió mamá.
Monita saltó. ¡Salto, salto!
—¡Más alto, más alto! —gritó Monita.
—Con cuidado, Monita —susurró una flor.
—Hola, flor —sonrió Monita—. ¿Viste mi gran salto?
—Sí, pequeño sol —dijo la flor—. Eres valiente como el viento.
Monita siguió saltando entre hojas verdes, ramas suaves y mariposas doradas.
—¡Hola, mariposa! —dijo Monita.
—Hola, Monita. ¿Por qué saltas?
—Quiero ser la más valiente —respondió Monita.
—Eres valiente por intentarlo —dijo la mariposa—. Y más cuando ayudas a los amigos.
Monita miró al suelo y vio a un caracol triste.
—¿Te ayudo? —preguntó Monita.
—Sí, por favor —dijo el caracol.
Monita sonrió, tomó al caracol y juntos cruzaron la rama.
—¡Eres mi amiga! —dijo el caracol.
—¡Y tú eres mi amigo! —dijo Monita.
Saltaron juntos, felices, bajo el sol.