Había una vez una osa llamada Bea. Bea era grande y suave. Un día Bea oyó un sonido: "toc-toc". Era un pajarito en un hueco. "Ayuda", dijo el pajarito. Bea miró y sonrió. "Voy a ayudar", dijo Bea.
Bea llamó a su amigo Liebre. "Ven, hop", dijo Liebre. Juntos fueron al hueco. El pajarito era pequeñito. Bea usó su pata con cuidado. "Plouf", el pajarito saltó al agua de una hoja. Todos aplaudieron: "¡Bravo!"
Luego vieron a Zorro que no podía subir a un tronco. "Te ayudo", dijo Bea. Zorro miró, dudó, pero vio que Bea era dulce. Bea empujó y Zorro subió. "Gracias", dijo Zorro con voz baja. Los tres se rieron. "Ja ja", dijo Liebre.
El sol bajó y las hojas brillaron. Los amigos encontraron un lago claro. El pajarito cantó una canción. "Pío pío", dijo el pajarito. Bea y los amigos escucharon. La noche llegó suave. Ningún miedo, solo paz. Bea dio una manta a Liebre. Zorro contó un cuento corto. Todos cerraron ojos. "Buenas noches", dijo Bea con voz cálida.
En el sueño, Bea soñó con más amigos y con juegos. Al despertar, todos se abrazaron. Todo se resolvió con calma y un gesto amable.
La bondad y la ayuda hacen que los días sean dulces.