En el bosque mágico vivía Osito Bruno. Bruno tenía pelito suave, marrón como el tronco viejo. Sus ojitos eran dos lunas brillando en la noche. Un día, Bruno se despertó con ganas de ser valiente.
“Mamá, hoy quiero encontrar la estrella dorada”, dijo Bruno. “La estrella brilla mucho en el cielo.”
Mamá Osita sonrió y acarició a Bruno. “Eres valiente, mi pequeño. Ve, pero vuelve antes de la luna.”
Bruno salió y caminó. Las mariposas bailaban a su lado, como pétalos de colores. “Hola, Bruno”, dijo la rana verde, saltando en la hierba.
“Hola, Rana. Busco la estrella dorada. ¿Sabes dónde está?”
“La estrella está más allá del árbol gigante”, cantó la rana.
Bruno siguió y vio al árbol gigante, alto como un castillo. El árbol tenía hojas que susurraban secretos.
“Hola, Árbol”, dijo Bruno. “Busco la estrella dorada.”
El árbol sonrió con sus ramas. “La estrella brilla dentro de ti, pequeño amigo. Eres fuerte y bueno.”
Bruno pensó y sonrió. Caminó de vuelta, sintiendo su corazón tibio como la miel.
En el camino, se encontró con la ardilla.
“¿Encontraste la estrella, Bruno?”
“Sí”, dijo Bruno. “La tengo aquí”, tocando su pecho.
La ardilla sonrió y bailó feliz.
Bruno llegó a casa. Mamá Osita lo abrazó.
“Mi valiente Bruno”, susurró.
Bruno cerró los ojos, soñando con estrellas y amigos.
La estrella dorada era el amor y el valor dentro de Bruno. Si buscas dentro de ti, puedes brillar también.