HabĂa una vez un pequeño gato llamado Miau. Miau vivĂa en un jardĂn lleno de flores suaves y mariposas brillantes. Cada mañana, Miau saludaba al sol con su patita. “Hola, sol”, decĂa Miau. El sol sonreĂa y el jardĂn se llenaba de luz.
Un dĂa, Miau quiso ir a ver el gran árbol al final del jardĂn. “Vamos, vamos, a ver el árbol”, dijo Miau. CaminĂł despacito, con sus patitas suaves sobre la hierba. De pronto, Miau vio un charco grande delante de Ă©l. El agua era como un espejo. “¿Y ahora?”, pensĂł Miau.
Miau miró el charco. En el agua, vio su carita redonda y sus bigotes largos. “¿Cómo cruzo?”, preguntó Miau. El viento sopló suave. “Miau, piensa, usa tu cabeza”, susurró el viento.
Miau vio una piedra cerca del charco. Saltó sobre la piedra. “Salta, Miau, salta”, dijo la mariposa azul. Miau saltó, primero una patita, luego la otra. ¡Splash! Solo un poco de agua en las patitas. “Bien hecho”, dijo la mariquita roja.
Del otro lado, Miau encontrĂł al ratĂłn Pepe. “Hola, Miau”, dijo Pepe. “¡Has cruzado el charco!” Miau sonriĂł. “SĂ, usĂ© mi cabeza y no me asusté”.
Miau y Pepe caminaron juntos hasta el gran árbol. Se sentaron bajo las hojas verdes. El árbol era como una casa grande y dulce. “Aquà estamos seguros”, dijo Pepe.
El sol bajó despacito. Miau cerró los ojos y ronroneó. “Cuando tengo un problema, puedo pensar y buscar ayuda”, dijo Miau.
El viento cantĂł suavemente: “Valiente gatito, busca amigos y usa tu corazĂłn”. Y asĂ, Miau aprendiĂł que con calma, amistad y un poco de coraje, todo se puede lograr.
Y el jardĂn se quedĂł tranquilo. Las flores, el árbol y los amigos soñaron dulces sueños, arropados por el sol y el viento suave.