HabĂa una vez un lobo pequeño llamado Lupo. Lupo tenĂa la barriguita suave y ojos grandes como la luna. VivĂa en el bosque con muchos amigos: la zorra Roja, el bĂşho Sabio y la liebre Brinca.
Un dĂa, Lupo saliĂł a buscar flores. El sol brillaba y las hojas bailaban en el viento. Lupo cantaba: “Flores, flores, venid a mĂ, flores bonitas para compartir”.
De pronto, Lupo vio un rĂo grande y ruidoso. El agua corrĂa como una serpiente azul. Lupo mirĂł y dijo: “Oh, rĂo, Âżpuedo cruzar?”. El rĂo susurrĂł: “Solo si eres valiente, pequeño Lupo”.
Lupo pensĂł y pensĂł. “¿QuĂ© hago?”, preguntĂł Lupo. La zorra Roja llegĂł saltando. “¡Hola, Lupo! ÂżPor quĂ© estás triste?”. Lupo suspirĂł: “No sĂ© cĂłmo cruzar el rĂo”.
La zorra sonrió: “Podemos saltar juntos. Yo salto primero, tú después”. El búho Sabio voló bajito: “Usa tu ingenio, Lupo. Mira las piedras, mira los troncos”.
Lupo miró. Vio piedras grandes, vio troncos dormidos en el agua. “¡Gracias, amigos!”, dijo Lupo. Saltó a una piedra, luego a un tronco, luego a otra piedra. “¡Sà se puede!”, gritó Lupo.
Al otro lado, la liebre Brinca aplaudió: “¡Bravo, Lupo! ¡Eres valiente!”.
Lupo sonriĂł. “Con amigos, con valor y con ideas, puedo cruzar el rĂo”.
Y asĂ, Lupo aprendiĂł que ser valiente es pensar, pedir ayuda y confiar en los amigos. El bosque aplaudiĂł. El sol abrazĂł a Lupo, y todos bailaron bajo la luz dorada.