Había una vez un pequeño lobo llamado Lupi. Lupi vivía en un bosque mágico donde las flores bailaban al ritmo del viento y los árboles contaban chistes. Un día, mientras Lupi paseaba, escuchó un sonido curioso: "¡Toc-toc!"
"¿Quién está ahí?", preguntó Lupi, moviendo sus orejas.
"Soy yo, la ardilla Brinco," dijo una pequeña voz desde un árbol. "¿Quieres jugar?"
"¡Sí, sí!", respondió Lupi, dando un alegre salto. "¿Qué jugamos?"
Brinco bajó del árbol con un "¡hop!" y dijo: "Jugamos a atrapar la luna."
Lupi abrió los ojos grandes. "¡Oh! ¿Cómo hacemos eso?"
"Es fácil," explicó Brinco. "Saltamos alto y decimos '¡plim-plam!'"
Lupi y Brinco empezaron a saltar juntos. "¡Plim-plam, plim-plam!", reían. Las estrellas brillaban felices viéndolos jugar.
De repente, la luna, muy traviesa, bajó un poquito para ver el juego. Lupi vio la luna cerca y dijo: "¡Mira, Brinco, la luna baja!"
"¡Sí, nos quiere jugar!", rió Brinco.
Después de saltar y reír, Lupi y Brinco se despedían. "Adiós, luna," dijeron juntos. La luna parpadeó muy contenta.
Aquella noche, Lupi se durmió bajo el cielo estrellado, sonriendo. Había aprendido que a veces, la magia está en nuestras risas y juegos.
La alegría se encuentra donde menos lo esperas.