Había una vez una niña llamada Lulú. Lulú tenía dos años y le encantaba dormir. Un día, Lulú decidió hacer una aventura. "¡Voy a ser una heroína!", dijo con una gran sonrisa.
Lulú salió de su casa. Vio un árbol gigante. "¡Hola, árbol!", dijo Lulú. El árbol respondió: "¡Hola, Lulú! ¿Vas a treparme?" Lulú se rió. "No, ¡quiero dormir debajo de ti!"
Lulú se acostó en la sombra del árbol. "¡Qué rico es dormir!", dijo. De pronto, un pájaro pequeño apareció. "¿Por qué no trepas el árbol, Lulú?", preguntó el pájaro. Lulú sonrió. "Porque prefiero descansar."
El pájaro voló alrededor. "¡Vamos, Lulú! ¡Aventura!", gritó. Lulú abrió un ojo. "¿Aventura? ¿Puedo dormir después?" El pájaro asintió. "Sí, después de la aventura."
Lulú se levantó. "Está bien, voy contigo." Juntas, fueron a un lago. "¡Mira, agua!", dijo el pájaro. Lulú sonrió. "¡Agua para jugar!" Pero, ¡oh no! Lulú se resbaló y cayó al agua. "¡Splash!" El pájaro se rió. "¡Ahora estás mojada!"
Lulú se sacudió. "¡Estoy lista para dormir!", dijo. Se recostó en la orilla. "¡Qué rico es dormir!" El pájaro voló a su lado. "Eres la heroína más perezosa."
Lulú sonrió. "Sí, pero soy feliz." Y así, Lulú se durmió, soñando con aventuras y pájaros. Fin.