Hoy el circo hace “¡ta-dá!” y el niño Leo, de 4 años, entra con su gorro rojo. Huele a palomitas. Suena “pam pam” el tambor.
Leo mira la pista. Una payasa salta y dice: “¡Hola, Leo!”. Leo ríe: “¡Hola!”. Un perrito con moño gira, gira, y hace “¡guau!”. Todos dicen: “¡ooooh!”. Luego el perrito se sienta y estornuda: “¡achís!”. Todos dicen: “¡hahaha!”.
Detrás de una cortina azul, Leo ve una puerta chiquita. Un señor con bigote, el jefe del circo, le guiña un ojo. “¿Quieres ver atrás?”, dice. “Sí”, responde Leo.
En los pasillos hay luz dorada y muchas cajas. Una caja dice “GLOBOS”. Otra dice “SOMBREROS”. Leo toca una caja y sale un sombrero muy alto. Le cae en la nariz. Leo dice: “¡Ups!”. El sombrero hace “puf” y se abre como flor. Leo ríe: “¡hahaha!”.
Una maga pequeña, con capa brillante, le dice: “Mira mi truco”. Ella pone un pañuelo en su mano. “Uno, dos, tres”, dice. Abre la mano y… ¡sale una flor de papel! Leo hace: “¡ooooh!”. La flor le hace cosquillas en la oreja. Leo se rasca y se ríe.
De pronto, un mono con chaleco trae un cubo de pintura… pero es agua con jabón. “¡Plop!”, cae un poco en el suelo. Hace burbujas grandes. Leo pisa una y su zapato hace “¡pop!”. El mono aplaude. “¡Bravo!”, dice la payasa que llega corriendo. Todos soplan burbujas: “fuuuu”. La pista se llena de puntitos que brillan.
El jefe del circo dice: “Leo, tú eres nuestro ayudante”. Leo saluda con su gorro rojo. El público aplaude: “¡clap clap!”.
Moraleja: Compartir y reír juntos hace que la magia salga mejor.