En un circo colorido, un pequeño conejo llamado Bruno soñaba. Soñaba con ser un artista de circo. Un dĂa, Bruno decidiĂł que era el momento de intentar. ¡QuerĂa volar como un trapecista!
Bruno se acercó al trapecista, un loro llamado Lolo. "¡Hola, Lolo! Quiero volar. ¿Me ayudas?", preguntó Bruno con ojos brillantes. Lolo sonrió y dijo: "¡Claro, pequeño! Pero primero, necesitas practicar."
Bruno saltĂł y saltĂł, pero no volĂł. CaĂa en un montĂłn de almohadas. "¡Bum!", sonaba cada vez. Todos los animales reĂan. "¡Eres un gran saltador, Bruno!", decĂa la foca, mientras aplaudĂa con sus aletas.
"¡Quiero más!", gritó Bruno. Asà que Lolo le enseñó a balancearse. "¡Sujétate fuerte!", dijo Lolo. Bruno se subió al trapecio. "¡Estoy listo!", gritó. Pero cuando Lolo lo empujó, Bruno gritó: "¡Ay, ay, ay!" y cayó en otro montón de almohadas. "¡Bum!"
Los animales aplaudĂan y reĂan. Bruno se levantĂł y dijo: "¡IntentĂ©moslo de nuevo!" Esta vez, Bruno se balanceĂł y saltĂł. "¡Voy a volar!", pensĂł. Pero en el aire, se dio cuenta de que habĂa olvidado cĂłmo aterrizar. "¡Ay, ay, ay!" volviĂł a caer, ¡pero esta vez en un globo gigante!
"¡Sorpresa!", gritĂł el globo. Bruno reĂa. "¡Soy un conejo volador!", dijo. Todos los animales aplaudieron. "¡Eres un artista!", decĂa la foca, mientras giraba en el agua.
Bruno sonriĂł. "¡El circo es mágico!", pensĂł. Y aunque no volĂł como Lolo, hizo reĂr a todos. Bruno aprendiĂł que lo más divertido era intentar y hacer sonreĂr a sus amigos. ¡QuĂ© dĂa en el circo!