Había una vez un caballero soñador. Él se llamaba Leo. Leo tiene una espada pequeña y un casco azul. Le gusta mirar el cielo. "¡Hop!", dice Leo, y se pone en marcha.
El reino es dulce. Hay colinas y un río que dice "plouf, plouf". Leo camina. Camina con paso firme. Canta "tra-la" y sonríe. Ve una puerta grande. La puerta está cerrada. Leo toca: "toc-toc". La puerta se abre. Dentro hay un mapa. El mapa brilla. Leo mira y sueña. Quiere ayudar al reino.
En el camino, Leo ve una flor triste. La flor está baja. Leo la cuida. Riega con un vaso. "Sip, sip", dice la flor. La flor se pone feliz y baila. Leo sigue. Encuentra una piedra en el paso. La piedra no deja pasar. Leo empuja. "Uf", dice Leo. La piedra rueda y se va al lado. Todo está bien.
Más adelante, hay un puente. El puente suena: "crec, crec". Leo respira hondo. Camina con cuidado. Canta "tra-la" de nuevo. Cruza el puente. Al otro lado, un cerdito está enredado en una rama. Leo habla suave: "No te preocupes, amigo". Corta la rama con su espada pequeña. El cerdito corre y da vueltas. "Oink, oink", canta el cerdito. Leo ríe.
Al fin, llega al castillo. Entrega el mapa al rey. El rey sonríe. Todos aplauden. Leo se siente valiente. Mira el cielo y sueña otra vez. Se acuesta y piensa en nuevas aventuras.
Moraleja: Ser valiente y amable hace del mundo un lugar feliz.