Había una vez una valiente caballera llamada Ada. Ada vivía en un castillo grande y feliz. Un día, el rey llamó a Ada. Le dijo, «Ada, necesitamos tu ayuda. Hay un dragón perdido en el bosque».
Ada sonrió y dijo, «No te preocupes, rey. Yo lo encontraré».
Con su caballo amigo, Ada fue al bosque. El bosque era tranquilo. Los pajaritos cantaban. Ada escuchó un sonido suave. Era el dragón. El dragón estaba triste y solo.
Ada se acercó despacio y habló con cariño, «Hola, dragón. ¿Por qué estás aquí?»
El dragón suspiró, «Estoy perdido. Quiero volver a mi casa».
Ada pensó y pensó. «¡Ya sé! Sígueme», dijo con una sonrisa. El dragón siguió a Ada y juntos caminaron por el bosque.
Caminaron hasta que llegaron a un río. El dragón miraba el agua, preocupado. Ada dijo, «No te preocupes. Vamos a cruzar juntos». Ada y el dragón cruzaron el río.
Finalmente, llegaron a una gran montaña. Al otro lado estaba el hogar del dragón. El dragón saltó feliz y dijo, «¡Gracias, Ada!»
Ada sonrió y dijo, «Siempre estoy aquí para ayudar».
Y así, Ada volvió al castillo, contenta de su aventura. Aprendemos que ayudar a los demás nos hace más valientes.