En un gran castillo de piedra vivía la caballera Luna. Tenía capa roja, casco dorado y un corazón valiente. Un día, el rey dijo: «Luna, falta la bandera azul en la torre alta». La bandera era muy querida. Luna sonrió: «Yo voy».
Luna montó a Brillo, su caballo. Tro-tro, tro-tro, fueron por el camino. El sol daba calor suave. En el puente había un charco grande. Luna miró, pensó y dijo: «Paso despacio». Brillo fue lento, con calma. Ya estaba.
Luego vieron una puerta de madera. Estaba cerrada. Luna tocó: toc, toc. Un guardia amable abrió y dijo: «Hola, Luna». Ella respondió: «Busco la bandera azul». El guardia señaló: «Arriba, por la escalera».
La escalera era muy alta. Luna subió paso a paso. Uno, dos, tres. Paró un poco, respiró, y siguió. «Soy fuerte», dijo. Brillo esperó abajo, tranquilo.
En la torre alta, el viento soplaba. La bandera azul estaba en el suelo. La cuerda se había soltado. Luna tomó la cuerda, hizo un lazo simple, y tiró suave. La bandera subió y bailó en el aire. «¡Qué bien!», dijo Luna.
Volvió al gran salón. El rey aplaudió. Todos dijeron: «¡Viva la caballera Luna!».
Moraleja: Con calma y valor, cualquier tarea se puede hacer.