Era una mañana de otoño. Cuatro amigas, Ana, LucĂa, Marta y SofĂa, jugaban en el parque de la escuela. Las hojas caĂan de los árboles. Eran rojas, amarillas y marrones. "¡Mira las hojas!", dijo Ana. "¡Son bonitas!", respondiĂł LucĂa.
Las niñas caminaban por el parque. VeĂan ardillas correteando. "¡Ardillas!", gritĂł Marta, señalando con su dedo. "Son rápidas", dijo SofĂa.
Cerca del parque, habĂa un pequeño jardĂn. Las niñas se acercaron. "ÂżQuĂ© es esto?", preguntĂł Ana. "Son calabazas", explicĂł LucĂa. "Son grandes y naranjas", dijo Marta con una sonrisa.
Las niñas recogieron hojas del suelo. "Vamos a hacer un collage", sugiriĂł SofĂa. Todas asintieron emocionadas. Juntaron hojas y volvieron a la escuela.
En clase, pegaron las hojas en un papel. "Las hojas son suaves", dijo Ana tocándolas. "Huelen a otoño", agregĂł LucĂa.
Las niñas miraron su collage. "El otoño es bonito", dijo Marta. "SĂ, muy bonito", terminĂł SofĂa. Y asĂ, aprendieron sobre el otoño, jugando y riendo juntas.