En un bosque lleno de árboles altos y coloridos, vivía un pequeño erizo llamado Tito. Tito tenía una barriga redonda y púas suaves. Una mañana de otoño, Tito vio que las hojas de los árboles cambiaban de color. Había hojas amarillas, naranjas y rojas.
Tito salió a pasear y sintió la brisa fresca del otoño. "¡Qué aire tan suave!", dijo Tito. Mientras caminaba, vio que las hojas caían lentamente al suelo, formando una alfombra suave y crujiente. Tito se detuvo y pisó las hojas, escuchando el sonido divertido que hacían.
De repente, Tito vio a su amiga la ardilla Lila saltando entre las ramas. "¡Hola, Tito!", gritó Lila. "¡Mira cuántas bellotas he encontrado!". Lila le mostró a Tito una pequeña canasta llena de bellotas.
Tito sonrió. "¡Qué bien, Lila! Podemos guardar algunas para el invierno", dijo Tito. Lila asintió feliz. Juntos, recogieron más bellotas y se rieron mientras jugaban entre las hojas.
Después de un rato, Tito empezó a sentir hambre. "Vamos a casa", sugirió Lila. En el camino de regreso, Tito y Lila cantaron una canción feliz sobre el otoño. Al llegar, se despidieron con un abrazo cálido.
Tito entró a su pequeño hogar, se acurrucó y pensó en lo bonito que es el otoño. Cerró sus ojitos, sintiéndose muy contento y tranquilo.
El otoño nos enseña que los cambios son bellos y traen nuevas aventuras.