—Hola, sol brillante —dijo la pequeña marmota, saliendo de su casita suave bajo la montaña.
—Hola, marmotita —respondió el sol, con voz dorada—. ¿Listo para jugar?
—SĂ, sà —respondiĂł la marmota—. Hoy quiero buscar flores mágicas.
La marmota caminĂł despacito. Las flores bailaban con el viento.
—Hola, flor azul —dijo la marmota—. ¿Puedo olerte?
—SĂ, marmotita —respondiĂł la flor azul—. Pero cuidado con la sombra grande.
De pronto, una sombra oscura apareciĂł.
—Oh, no. Tengo miedo —susurró la marmota.
—No tengas miedo —dijo la flor amarilla—. Usa tu voz fuerte.
La marmota respirĂł muy hondo.
—¡Vete, sombra! —gritó con fuerza.
La sombra se fue, corriendo por el bosque.
—¡Bravo, marmotita! —dijeron todas las flores—. Eres valiente.
—Gracias, amigas flores —sonrió la marmota—. Ahora puedo jugar contenta.
El sol aplaudiĂł con sus rayos.
—Hoy aprendiste algo bonito, marmotita.
—Sà —dijo la marmota—. Con amigos y valor, nada me asusta.
La marmota bailĂł entre las flores. El bosque cantĂł suave.
—Buenas noches, sol —susurró la marmota.
—Dulces sueños, pequeña valiente —respondió el sol.