Había una vez, en un hermoso prado verde, una marmota llamada Mónica. Mónica era curiosa y siempre exploraba. Un día, mientras buscaba flores, encontró a su amigo el conejo, Ramón.
—¡Hola, Ramón! —dijo Mónica—. ¿Quieres jugar?
—¡Sí, Mónica! —respondió Ramón—. Pero, ¿cómo jugamos?
Mónica pensó y dijo:
—¡Contemos historias! Yo empiezo. Había una vez un sol brillante que sonreía a todos.
—¡Qué bonito! —dijo Ramón—. Ahora yo. Había una luna que bailaba en el cielo.
Los dos rieron y siguieron contando historias hasta que el sol se escondió y la luna apareció.
—¡Mira, Mónica! —dijo Ramón—. La luna nos escucha.
—Sí, Ramón. Las historias son mágicas.
Y así, Mónica y Ramón aprendieron que contar historias une a los amigos. Fin.