En un pequeño pueblo, el sol brillaba y las hojas de los árboles cambiaban de color. Era otoño. En una casa acogedora, vivĂan dos amigos: SofĂa y Mateo. SofĂa tenĂa un gorro rojo y Mateo una chaqueta azul. A ambos les encantaba el otoño.
—¡Mira, Mateo! —dijo SofĂa, señalando las hojas amarillas y naranjas que caĂan de los árboles—. ¡Las hojas están de fiesta!
—SĂ, SofĂa —respondiĂł Mateo, sonriendo—. ¡Vamos a recogerlas!
Los dos amigos salieron al jardĂn. El aire estaba fresco y olĂa a tierra. SofĂa y Mateo empezaron a recoger hojas. SofĂa decĂa:
—¡Mira esta hoja! ¡Es grande!
—Y esta es pequeña —dijo Mateo, levantando una hoja roja—. ¡Es bonita!
Recogieron muchas hojas. Cada vez que encontraban una hoja especial, hacĂan una pequeña danza. SofĂa giraba y Mateo saltaba. Se reĂan juntos, felices.
—Ahora vamos a decorar la casa —sugiriĂł SofĂa.
Entraron a la casa. En la mesa, habĂa un jarrĂłn vacĂo. SofĂa y Mateo pusieron las hojas dentro.
—¡QuĂ© bonito! —exclamĂł SofĂa—. ¡Parece un arcoĂris!
—SĂ, un arcoĂris de otoño —dijo Mateo, aplaudiendo.
DespuĂ©s, SofĂa y Mateo fueron a la cocina. La mamá de SofĂa estaba haciendo galletas de calabaza. OlĂa delicioso.
—¡Hola, amigos! —saludó la mamá—. ¿Quieren ayudarme?
—¡SĂ! —gritaron SofĂa y Mateo.
Juntos, mezclaron los ingredientes. SofĂa decĂa:
—¡Me gusta mezclar!
—¡Y a mà me gusta oler! —respondió Mateo, oliendo la canela.
Las galletas estaban listas. Salieron del horno doradas y crujientes. SofĂa y Mateo se sentaron a la mesa con una galleta cada uno.
—¡Mmm! —dijo SofĂa—. ¡Está rica!
—¡SĂ, muy rica! —respondiĂł Mateo, masticando con alegrĂa.
El dĂa terminĂł con risas y galletas. SofĂa y Mateo miraron por la ventana. Las estrellas comenzaron a brillar en el cielo.
—El otoño es mágico —dijo SofĂa, sonriendo.
—SĂ, y siempre hay algo nuevo que hacer —contestĂł Mateo, con los ojos brillantes.
AsĂ, en su casa llena de hojas y galletas, SofĂa y Mateo disfrutaron del otoño, aprendiendo y jugando juntos. Fin.