En un parque colorido, tres amiguitas jugaban. Se llamaban Lila, Sofía y Carla. Era otoño y las hojas caían. ¡Cayendo, caen! Las hojas eran rojas, amarillas y naranjas.
Lila miró hacia arriba y dijo: “¡Miren las hojas! ¡Son hermosas!” Sofía sonrió y contestó: “Sí, ¡quieren jugar con nosotras!” Carla, emocionada, dijo: “¡Vamos a recoger hojas!”
Las tres niñas corrieron. Recolectaron hojas grandes y pequeñas. “¡Mira esta hoja, es muy grande!”, exclamó Lila. “¡Y esta es muy suave!”, añadió Sofía. “¡Hagamos una montaña de hojas!”, sugirió Carla.
Después de jugar, decidieron hacer una merienda. “Vamos a cocinar con lo que encontramos”, dijo Lila. “¿Qué haremos?”, preguntó Sofía. “Haremos una ensalada de otoño”, respondió Carla. “¡Con manzanas y nueces!”, agregó Lila.
Las chicas fueron al mercado. Compraron manzanas rojas, nueces crujientes y un poco de miel. “¡Qué rico!”, dijo Sofía. “¡Vamos a mezclarlo todo!”, dijo Carla. Con cuidado, cortaron las manzanas y añadieron las nueces. “¡Y un toque de miel!”, gritaron juntas.
Finalmente, probaron su ensalada. “¡Deliciosa!”, dijeron al unísono. Miraron el parque lleno de hojas y sonrieron. “¡El otoño es divertido!”, dijo Lila. “Sí, ¡y delicioso!”, añadió Sofía. “¡Siempre cocinamos juntas!”, concluyó Carla.
Así, las tres niñas aprendieron que el otoño es especial. Jugar, recoger hojas y cocinar, es lo mejor. ¡Qué bien se siente ser amigas!