Había una vez una niña llamada Lila. Lila tenía dos años y una gran sonrisa. Un día, encontró un sombrero mágico en el jardín. "¡Mira, sombrero!", gritó Lila. El sombrero brillaba y decía: "¡Hola, Lila! ¡Vamos a salvar el Reino de la Risa!"
Lila se puso el sombrero. De repente, ¡puf! Un pequeño dragón apareció. "¡Hola, Lila! Soy Pipo, el dragón juguetón", dijo con una risa. "¿Qué vamos a hacer hoy?"
"¡Salvar el Reino de la Risa!" exclamó Lila. "¿Cómo?"
Pipo pensó. "Podemos hacer una lluvia de caramelos. ¡Eso hará reír a todos!"
Lila asintió. "¡Sí! ¡Caramelos! Pero, ¿cómo?"
"Con un poco de magia, pero... no soy muy bueno", dijo Pipo con cara de preocupación.
"¡No te preocupes!", dijo Lila. "Solo hay que intentar."
Pipo respiró hondo y dijo unas palabras mágicas. De repente, un montón de caramelos cayó del cielo. Pero, ¡oh no! Eran de brócoli.
"¡Yuck!", dijo Lila, riendo. "¡Brócoli volador!"
"¡Oh no! ¡Lo intentamos!", dijo Pipo, riendo también.
Lila y Pipo siguieron intentándolo. Hicieron globos de colores, pero eran todos de forma de patito. "¡Cuá cuá!", dijo Lila, riendo.
Al final, el Reino de la Risa se llenó de risas y diversión. Todos estaban felices, incluso con los caramelos de brócoli. "¡Eres la mejor, Lila!", dijo Pipo.
"¡Y tú también, Pipo!" Lila sonrió. ¡Juntos hicieron un gran día en el Reino de la Risa!