En un valle suave hay un castillo. Allí vive un caballero misterioso. Lleva capa azul y casco que brilla. Sus pasos suenan “clac, clac”. Sonríe con calma. Mira el sol. Respira hondo.
“Hoy hay fiesta”, dice la gente. “Falta la campana”, dice la reina. La campana está al otro lado del río. Está en una torre baja, junto a flores. “Yo voy”, dice el caballero. Alza su escudo. Da un paso firme. “Hop”, y camina.
Llega al puente. “Cric-crac”, el puente está roto. El caballero para. Piensa un poco. Mira tablas en el molino. “Toc-toc”, llama a la puerta. “Hola”, dice el molinero. “¿Una tabla?” “Sí”, responde el caballero. El molinero ayuda con risa. “Clac, clac”, ponen la tabla. El puente ya está bien. El caballero cruza. “Hop, hop”.
El río hace “plim, plim”. Un pato dice “cuac, cuac”. Todo está en paz. Llega un charco grande. “Plouf”, cae una gota. El caballero busca piedras. Pone una aquí. Pone otra allá. Pisa con cuidado. “Hop, hop, hop”. Pasa el charco. Sonríe. Sigue su camino.
Ve la torre. La puerta es fuerte. “Toc-toc”, llama suave. Nada pasa. Mira arriba. Ve una llave grande en una rama. Está alta, alta. El caballero piensa. Toma un palo largo. Estira el brazo. “Tin”. La llave baja. “Clic”. La puerta se abre. Entra con paso valiente.
La campana está allí. Es dorada y clara. Él la abraza con cuidado. “Din”, suena bajito. La pone en un carro pequeño. “Rum-rum”, el carro rueda. Vuelve al castillo. Gente aplaude. “Bravo”, gritan niños y niñas. El caballero sube la torre del castillo. Peldaño a peldaño. “Paso, paso”. No se cansa. Sonríe y sigue.
Ya arriba, pone la campana. “Tin-tan, din-don”. El valle canta. El sol brilla. La reina dice: “Gracias”. El caballero hace una reverencia. “Hop”.
Con calma, pensar y ayudar nos hace fuertes y felices.