En la granja de la familia Pérez, el otoño había llegado. Las hojas caían de los árboles, pintando el suelo de colores amarillo, naranja y rojo. Era un día especial para los pequeños amigos: Tomás y Luis. Ambos tenían un año y les encantaba explorar juntos.
Un día, mamá les dijo: "Hoy vamos a ver la cosecha de otoño". Tomás y Luis aplaudieron con emoción. Mamá les puso sus chaquetas y sus gorros, y juntos fueron al huerto.
El huerto estaba lleno de calabazas grandes y redondas. "¡Miren las calabazas!" dijo mamá. Tomás señaló una calabaza y dijo: "Grande". Luis tocó otra y repitió: "Grande, grande".
El viento soplaba suavemente, haciendo que las hojas bailaran en el aire. Tomás extendió su mano para atrapar una hoja roja. "Roja", dijo sonriendo. Luis también tomó una hoja, esta vez amarilla. "Amarilla", dijo mientras la hoja crujía entre sus dedos.
Mamá les contó una pequeña historia sobre el otoño. "En otoño", comenzó mamá, "las hojas cambian de color y caen. Los animales se preparan para el invierno, y nosotros recogemos los frutos de la tierra".
Tomás y Luis miraron alrededor. Vieron a papá recogiendo manzanas. "¡Manzanas!" exclamaron los dos al verlas brillar con el sol.
Al final del día, mamá, Tomás y Luis se sentaron en el porche con una manta suave. Mamá les dijo: "El otoño es una época de cambio, pero también de belleza. Cada hoja y cada fruto tiene una historia que contar".
Tomás y Luis cerraron los ojos, imaginando todas las historias. El otoño era mágico y lleno de colores. Así, con una sonrisa, los dos amigos se quedaron dormidos, soñando con las hojas bailando en el aire.