Los niños juegan en el parque. Es otoño. Las hojas son amarillas y rojas. El viento sopla suave.
—¡Mira la hoja! —dice Ana, señalando una hoja que cae.
—¡Es hermosa! —responde Tomás, sonriendo.
SofĂa está en su silla de ruedas. Ella tambiĂ©n quiere tocar la hoja.
—¡Yo te ayudo! —dice Lucas.
Lucas empuja suavemente a SofĂa. Ella rĂe.
—¡Gracias, Lucas! —dice SofĂa.
Todos los niños miran las hojas. Ellos recogen hojas del suelo. Hojas grandes, hojas pequeñas.
—¡Vamos a hacer una manualidad! —sugiere Ana.
—¡SĂ! —gritan todos.
Se sientan en el césped. Tienen un papel grande. Pegan las hojas con pegamento.
—¡Mira mi árbol! —dice Tomás, mostrando su dibujo.
—¡Es bonito! —dicen todos.
El sol empieza a bajar. El cielo se pinta de naranja.
—¡Es hora de celebrar! —dice Lucas.
Todos los niños corren al centro del parque. Hay luces y música.
—¡Vamos a bailar! —grita SofĂa.
Bailan y rĂen. El aire huele a castañas y manzanas.
—¡Delicioso! —dice Ana, comiendo una castaña.
—¡Yo quiero una! —responde Tomás, feliz.
Los niños juegan hasta que la noche llega. Las estrellas brillan en el cielo.
—El otoño es mágico —dice SofĂa.
—SĂ, ¡es muy bonito! —responden todos.
Se despiden de la noche.
—Hasta mañana —dicen.
El otoño les trae alegrĂa. El otoño les trae amigos.