—¡Mira, mamá! —dijo el niño, señalando las hojas.
—¡SĂ, corazĂłn! —respondiĂł su mamá, sonriendo.
Las hojas eran de colores: rojas, amarillas y naranjas.
—¡Puedo tocar una! —gritó el niño.
—¡Claro! —dijo mamá.
El niño corrió y recogió una hoja.
—Es suave, mamá.
—SĂ, es hermosa —dijo ella.
El viento soplĂł y las hojas bailaron en el aire.
—¡Mira cómo vuelan! —exclamó el niño, riendo.
—Es el otoño, mi amor.
—¿Otoño?
—SĂ, una estaciĂłn mágica.
—¡Me gusta!
Juntos, jugaron en el parque.
ReĂan y corrĂan entre las hojas.
—¡Adiós, hojas! —gritó el niño.
—¡Adiós, otoño! —dijo mamá.
El otoño era divertido.
Y el niño sonrió feliz.
Moraleja: disfrutar de las pequeñas cosas de la vida.