En el circo, una niña pequeña llamada Lila miraba con ojos brillantes. “¡Mira, mamá! ¡El trapecista!” decía emocionada. El trapecista, un hombre alto y risueño, volaba de un lado a otro.
“¡Hola, Lila! ¿Quieres volar como yo?” preguntó el trapecista. Lila gritó: “¡Sí, sí, quiero!”
El trapecista sonrió. “Primero, tienes que hacer esto. ¡Salta y grita ‘¡Soy una estrella!'!”
Lila saltó y gritó: “¡Soy una estrella!” El trapecista rió. “¡Perfecto! Ahora, ¡intenta atrapar este globo!”
Lanzó un globo rojo hacia Lila. “¡Lo tengo!” dijo ella, atrapando el globo con sus manitas.
“Eres una gran trapecista, Lila,” dijo el hombre. Lila sonrió, feliz. “¡Gracias! ¡Quiero volar siempre!”
El circo era un lugar mágico, lleno de risas y colores. Lila nunca olvidará su día en el circo.