El ratón astuto y la tortuga sabia
Érase una vez, en un bosque verde y brillante, un pequeño ratón llamado Ratico. Ratico era un ratón muy astuto, siempre con una idea brillante en su cabeza. Un día, mientras buscaba algo de comer, se encontró con una tortuga llamada Turtuga, que era muy sabia.
“¡Hola, Turtuga!” dijo Ratico, moviendo su colita de un lado a otro. “¿Qué haces tan despacito?”
“Hola, Ratico,” respondió Turtuga con una sonrisa. “Voy a la fuente a beber agua. ¿Quieres venir conmigo?”
Ratico sonrió y dijo: “¡Sí! Pero yo iré corriendo, y tú irás despacio.”
Mientras caminaban, Ratico vio un delicioso trozo de queso. “¡Mira, Turtuga! ¡Queso!” gritó emocionado.
“¡Espera, Ratico!” dijo Turtuga. “Debemos ser cuidadosos. Podría haber un gato cerca.”
Pero Ratico, muy ansioso, corrió hacia el queso y, de repente, apareció un gato grande y peludo. “¡Miau! ¡Ratón delicioso!” rugió el gato.
Ratico se asustó y gritó: “¡Ayuda, Turtuga!”
Turtuga, con su sabiduría, dijo: “¡Esconde en mi caparazón!” Ratico se metió rápidamente dentro del caparazón de Turtuga.
El gato miró alrededor, confundido. “¿Dónde está ese ratón?” murmuró, buscando por todas partes. Finalmente, se fue, decepcionado.
Ratico salió del caparazón y dijo: “¡Gracias, Turtuga! Eres muy sabia. Siempre escucho mis ideas, pero a veces, es mejor escuchar a los amigos.”
Turtuga sonrió y dijo: “Sí, Ratico. La sabiduría y la amistad son muy importantes.”
Y así, Ratico aprendió que ser astuto está bien, pero escuchar y aprender de los demás es aún mejor. Desde ese día, Ratico siempre pidió consejo a su amiga Turtuga antes de actuar.
Moraleja: Escuchar a los amigos es tan importante como ser astuto.