El gallo valiente y la luna brillante
Había una vez un gallo llamado Ramón. Ramón era un gallo muy valiente, con plumas doradas que brillaban como el sol. Cada mañana, Ramón cantaba con su voz fuerte y clara: "¡Quiero ver el mundo desde lo alto!"
Un día, mientras Ramón cantaba en su gallinero, vio a su amiga, la tortuga Tula, que caminaba lentamente.
—¡Hola, Tula! —dijo Ramón—. ¿Qué haces hoy?
—Voy a buscar flores en el campo —respondió Tula, con su voz suave—. ¿Quieres venir?
—¡Sí! —exclamó Ramón—. ¡Vamos a ver las flores!
Los dos amigos se fueron al campo. Al llegar, Ramón vio algo brillante en el cielo.
—¡Mira, Tula! ¡Es la luna! —gritó emocionado.
—¡Es hermosa! —dijo Tula, con ojos grandes—. Pero, ¿cómo podemos tocarla?
Ramón pensó y pensó. Entonces, tuvo una idea.
—¡Voy a subir a la montaña! Desde allí, podré tocar la luna —dijo con determinación.
—¡Ten cuidado, Ramón! —advirtió Tula—. Es muy alto.
Pero Ramón era valiente. Subió la montaña, saltando y brincando. Cuando llegó a la cima, estiró su pico hacia la luna.
—¡Luna, luna! —cantó Ramón—. ¡Baja un poquito!
La luna brilló aún más y le respondió:
—¡Gallito valiente! Si quieres tocarme, debes ser amable y ayudar a los demás.
Ramón sonrió y dijo:
—¡Prometo ayudar a todos en el campo!
Entonces, la luna le envió un rayo de luz dorada. Ramón lo sintió en su corazón.
Cuando bajó de la montaña, encontró a Tula esperando.
—¿Lo lograste? —preguntó ella.
—Sí, ¡y aprendí algo importante! —dijo Ramón—. Ser amable es lo más valiente de todo.
Y así, Ramón y Tula volvieron a casa, felices y con el corazón lleno de luz. Desde ese día, Ramón ayudó a todos, y la luna sonrió cada noche, brillante en el cielo.
Moraleja: La valentía se muestra en la bondad.