El Conejito y la Flor Mágica
Érase una vez un conejito llamado Tito. Tito era muy curioso. Le encantaba saltar por el bosque. Un día, mientras exploraba, vio algo brillante.
—¡Mira! —dijo Tito, acercándose con cuidado—. ¿Qué es eso?
Era una flor de colores brillantes. Tenía pétalos rojos, amarillos y azules. Tito olfateó la flor.
—¡Huele delicioso! —exclamó.
Justo en ese momento, apareció su amiga, la tortuga Tula.
—¿Qué haces, Tito? —preguntó Tula, moviendo su cabeza despacio.
—¡Mira esta flor! —dijo Tito—. ¡Es mágica!
—¿Mágica? —dijo Tula, con ojos grandes—. ¡Cuéntame más!
Tito sonrió y dijo:
—Si la tocas, ¡puedes pedir un deseo!
Tula pensó un momento y dijo:
—Yo quiero ser rápida como tú, Tito.
Tito se rió:
—¡Toca la flor!
Tula tocó la flor y, de repente, brilló con una luz dorada.
—¡Voy a ser rápida! —gritó emocionada.
Pero la flor dijo:
—Tula, la verdadera magia está en ser tú misma.
Tula sonrió y comprendió.
—¡Tienes razón! Seré la mejor tortuga.
Tito saltó de alegría.
—¡Sí! ¡Eres única!
Desde ese día, Tito y Tula jugaron juntos, felices de ser ellos mismos.
Y así, aprendieron que la verdadera magia está en aceptarse y quererse como son.
Fin