Un dĂa, un niño llamado Miguel soñaba con el circo. Miguel tenĂa dos años y amaba los colores y los payasos. "¡Quiero ser artista de circo!", decĂa con una gran sonrisa.
Miguel miraba por la ventana y veĂa el circo llegar. ¡Era un espectáculo brillante! Carpas rojas y amarillas, luces que parpadeaban y mĂşsica alegre. "¡Vamos al circo!", gritĂł Miguel, emocionado.
Cuando llegĂł al circo, conociĂł a una trapecista llamada Clara. Clara era alta y tenĂa un vestido lleno de estrellas. "¡Hola, Miguel!", dijo Clara, sonriendo. "ÂżQuieres volar como yo?"
Miguel asintiĂł con la cabeza. "¡SĂ, quiero volar!", respondiĂł con alegrĂa.
Clara llevó a Miguel a la pista. "Mira, esto es el trapecio", explicó. "Sube aquà y agárrate fuerte". Miguel subió, pero se resbaló y cayó en un montón de almohadas suaves. "¡Puf!", hizo Miguel al caer. Todos los espectadores rieron.
"¡No te preocupes!", dijo Clara. "IntĂ©ntalo de nuevo". Miguel subiĂł otra vez, esta vez más despacio. Se sujetĂł con las manos y gritĂł: "¡Estoy volando!". Pero de nuevo se deslizĂł y volviĂł a caer en las almohadas. "¡Puf, puf!", hizo esta vez. La gente aplaudĂa y reĂa.
"¡Eres muy valiente, Miguel!", le dijo Clara. "Vamos a hacer una pirueta". Clara girĂł en el aire como un pájaro. "¡AsĂ es!", exclamĂł. Miguel intentĂł lo mismo, pero solo logrĂł dar vueltas en el aire y caer de nuevo. "¡Puf, puf, puf!", hacĂa mientras reĂa.
Al final del dĂa, Miguel sonriĂł. "¡Quiero volver mañana!", dijo. Clara asintiĂł. "Siempre puedes volar, Miguel. ¡El circo siempre te espera!"
Miguel se fue a casa, pensando en su aventura divertida. "¡El circo es mágico!", murmuró mientras soñaba con volar.