Había una vez un pequeño mono llamado Tito. Tito vivía en un frondoso árbol en la selva. Era muy curioso y siempre quería jugar. Un día, mientras saltaba de rama en rama, conoció a una tortuga llamada Lila.
—¡Hola, Lila! —dijo Tito, emocionado—. ¿Quieres jugar?
—¡Claro, Tito! —respondió Lila, sonriendo lentamente—. Pero yo no puedo saltar como tú.
—Está bien —dijo Tito—. Podemos jugar a la escondida. Tú cuentas y yo me escondo.
Lila cerró los ojos y comenzó a contar. Tito se escondió detrás de un gran tronco. Cuando Lila terminó de contar, comenzó a buscar.
—¿Dónde estará Tito? —preguntó Lila, mirándose alrededor.
Tito, desde su escondite, no pudo evitar reír. Pero entonces, al ver a su amiga tan preocupada, salió de su escondite y dijo:
—¡Aquí estoy, Lila!
Lila sonrió y le dijo:
—¡Tito, no debes hacerme asustar!
Tito comprendió que jugar era más divertido cuando todos estaban felices. Desde ese día, siempre se aseguraba de que Lila estuviera bien.
Y así, Tito y Lila aprendieron que la amistad es más importante que el juego.
Moraleja: La amistad y la alegría de jugar juntos son lo que realmente importa.