En un circo muy colorido, habĂa un niño llamado Tomás. Tomás tenĂa un sombrero grande y una sonrisa enorme. Un dĂa, mientras jugaba, vio a un malabarista llamado Pepe. Pepe estaba muy preocupado.
—¡Ay, Tomás! —dijo Pepe—. Mis pelotas se han perdido. ¡No puedo hacer malabares sin ellas!
Tomás miró a su alrededor y vio una pelota roja, una azul y una amarilla.
—¡Mira, Pepe! —exclamó Tomás—. ¡Aquà están!
Pepe sonriĂł y dijo:
—¡Gracias, Tomás! Ahora puedo hacer malabares.
Tomás aplaudió.
—¡Hagámoslo juntos! —gritó.
Pepe empezó a lanzar las pelotas. Pero, ¡oh no! Una pelota voló y cayó en la cabeza de un payaso.
—¡Sorpresa! —dijo el payaso riendo—. ¡Me gusta este juego!
Todos rieron y se unieron al circo. Tomás, Pepe y el payaso hicieron malabares juntos.
—¡Más pelotas! —gritó el payaso, y todos aplaudieron.
El circo fue un lugar mágico, lleno de risas y alegrĂa. ¡QuĂ© divertido fue ayudar a Pepe!