La Amistad del Serpiente y el Conejo
Era un dĂa soleado en el bosque. Un pequeño serpiente llamado Slinky se deslizaba por la hierba verde. Era un serpiente muy amable, pero tenĂa un problema: no tenĂa amigos.
Un dĂa, mientras Slinky disfrutaba del calor del sol, vio a un conejo blanco llamado BrincĂłn. BrincĂłn saltaba de felicidad.
—¡Hola, conejo! —dijo Slinky con voz suave—. ¿Quieres jugar conmigo?
BrincĂłn se detuvo y lo mirĂł con curiosidad.
—¿Jugar contigo? —preguntó Brincón—. ¡Eres un serpiente!
—¡SĂ! —respondiĂł Slinky—. Pero soy un serpiente amigable. ¡Vamos a divertirnos!
BrincĂłn pensĂł por un momento. Luego sonriĂł.
—Está bien, Slinky. Juguemos a saltar.
AsĂ que Slinky se deslizĂł y BrincĂłn saltĂł. Jugaron juntos todo el dĂa. Se reĂan, hacĂan piruetas y disfrutaban del sol.
Al caer la tarde, BrincĂłn dijo:
—Eres un buen amigo, Slinky. No importa si eres un serpiente, lo importante es que somos amigos.
—¡SĂ! —respondiĂł Slinky, feliz—. La amistad no tiene forma.
Y asĂ, Slinky y BrincĂłn aprendieron que la amistad es lo más importante, sin importar las diferencias.
Moraleja: La amistad es un regalo que no entiende de formas ni colores.