El León y su Amigo el Conejo
Había una vez en la gran selva, un león llamado Leo. Era un león fuerte y valiente, con una melena brillante como el sol. Un día, mientras paseaba por la selva, encontró a un pequeño conejo llamado Rápido.
—¡Hola, Rápido! —rugió Leo, con una voz suave como una brisa de verano.
—¡Hola, Leo! —respondió el conejo, moviendo sus orejas largas—. ¿Quieres jugar?
—Sí, quiero jugar —dijo Leo, moviendo su cola alegremente—. Pero, ¿qué jugamos?
—Podemos jugar a las escondidas —propuso Rápido, saltando.
—¡Perfecto! —exclamó Leo—. Yo contaré. Tú escóndete.
Leo cerró los ojos y comenzó a contar.
—Uno, dos, tres…
Rápido corrió rápido y se escondió detrás de un gran árbol. Después de contar hasta diez, Leo dijo:
—¡Listo! ¡Voy a buscarte!
El león buscó por toda la selva. Miró detrás de las piedras y entre los arbustos.
—¿Dónde estás, Rápido? —preguntó Leo.
—¡Aquí estoy! —dijo el conejo, asomando su cabeza.
—¡Te encontré! —rugió Leo, riendo.
Ambos amigos se rieron y jugaron todo el día. Al final del día, Leo dijo:
—Amigo, jugar contigo es muy divertido.
Y Rápido respondió:
—¡Sí! La amistad es lo mejor.
Desde ese día, Leo y Rápido jugaron juntos siempre.
Moraleja: La verdadera amistad hace la vida más alegre.