El Cuervo Amistoso
Había una vez un corvo llamado Ciri. Ciri vivía en un hermoso bosque lleno de árboles verdes y flores de colores. Un día, mientras volaba por el cielo, vio a una pequeña tortuga llamada Tula. Tula estaba sentada junto a un charco, luciendo muy triste.
—¡Hola, Tula! ¿Por qué estás tan triste? —preguntó Ciri, posándose en una rama cercana.
—¡Hola, Ciri! —suspiró Tula—. Quiero llegar al otro lado del charco, pero soy muy lenta y no puedo saltar.
Ciri, con su pico brillante y sus alas negras, pensó en cómo ayudar a su amiga.
—¡No te preocupes! —dijo Ciri entusiasmado—. ¡Te llevaré volando!
—¿De verdad? —preguntó Tula, levantando la cabeza.
—¡Claro! —respondió Ciri—. Solo agárrate fuerte de mi espalda.
Tula se subió a la espalda de Ciri. Con un batir de alas, el corvo se elevó en el aire.
—¡Mira, Tula! —gritó Ciri—. ¡Eres una viajera de los cielos!
—¡Es maravilloso! —respondió Tula, sonriendo.
Cuando llegaron al otro lado, Tula bajó y dijo:
—¡Gracias, Ciri! ¡Eres un amigo especial!
Ciri sonrió y dijo:
—La amistad es ayudar a los demás.
Y así, el cuervo y la tortuga se hicieron grandes amigos, aprendiendo que juntos podían hacer cosas maravillosas.
Moraleja: La amistad se construye ayudando a los demás.