En un pequeño pueblo lleno de colores, tres niñas de un año, Lucía, Marta y Ana, se preparaban para celebrar su primera Pascua. El sol brillaba, y el jardín estaba lleno de flores amarillas y rosas. Las niñas llevaban sombreros con orejas de conejo que hacían "hup, hup" cuando saltaban.
"Mira, un huevo azul", dijo Lucía señalando un pequeño huevo escondido bajo un arbusto. "Oh, qué bonito", respondió Marta, mientras Ana aplaudía de alegría.
Las tres niñas, con sus cestitas, empezaron a buscar más huevos de colores. "¡Toc-toc!", decía Marta cada vez que encontraba uno. "¡Cucu!", reía Ana escondiéndose tras las plantas.
De pronto, un suave conejito blanco apareció, moviendo su nariz. "¡Hop, hop!", saltaba el conejito, haciendo que las niñas rieran sin parar. El conejito traía una pequeña cesta llena de zanahorias dulces. "Gracias, conejito", dijeron las niñas, emocionadas al recibir el regalo.
Las niñas siguieron buscando, llenando sus cestitas con huevos de colores brillantes. Cada huevo tenía una sorpresa dulce adentro. "¡Mmm, rico!", dijo Lucía probando un pedacito de chocolate.
El día continuó con juegos y risas bajo el sol brillante. Lucía, Marta y Ana, se sentaron en el césped, rodeadas de sus tesoros de Pascua, disfrutando de una siesta bajo un árbol. El conejito se quedó cerca, como un nuevo amigo, vigilando que todo estuviera bien.
Cuando el sol comenzó a bajar, las niñas regresaron a casa, felices y un poco cansadas. Mamá y papá las recibieron con abrazos cálidos y muchos besos.
Al final del día, las niñas aprendieron que la Pascua es un momento para compartir, jugar y disfrutar juntos.
Siempre es más divertido cuando estamos con quienes queremos.