Hoy el sol entra por la ventana y hace brillar la mesa. Alma y Lila, dos niñas de tres años, miran un cuenco con huevos blancos.
“Mamá, ¿Pascua?” dice Alma.
“Sí, Pascua,” responde mamá. “Vamos a pintar.”
En la mesa hay rojo, azul y amarillo. Alma moja un huevo. “Plim-plim.” Sale rosa. Lila pone puntitos. “Tic-tic.” Sale un huevo con lunares. Las dos ríen: “¡Ja, ja!”
Papá trae una cesta. “Hop, al patio.”
En el patio hay flores y hierba suave. Un conejito de tela está sentado en una silla pequeña. Tiene una pajarita verde. “Toc-toc,” hace Alma en la silla.
El conejito guiña un ojo, como por magia. “Pip-pip,” suena un cascabel. En la cesta aparecen cintas y más huevos de colores. Alma abre la boca: “¡Oh!”
Lila aplaude: “¡Más!”
Mamá dice: “Vamos a buscar.”
Alma mira detrás de una maceta. “¡Aquí!” Saca un huevo azul. “Plop.” Lila mira bajo el banco. “¡Aquí!” Saca uno amarillo. Se dan un abrazo.
Luego vuelven a la mesa del patio. Parten un pan dulce, ponen un huevo pintado en el centro y cantan bajito. El aire huele a chocolate y a flor.
Alma dice: “Gracias, conejito.”
Lila responde: “Gracias.”
Moraleja: Cuando compartimos con amor, la fiesta brilla más.