María abre los ojos. Es día de Pascua. El sol entra por la ventana. Todo huele a pan y a flores. María se pone su vestido rosa. Saltan sus pies.
"Mamá", dice María. "¿Hoy?" Mamá sonríe. "Sí, hoy buscamos huevos." Papá trae una cesta. La cesta tiene lazos de colores.
Van al jardín. El césped está fresco. Hay flores azules y amarillas. Un conejito de peluche los mira. María lo abraza. Su risa es un campanario.
"Mira aquí", dice papá. María ve un huevo verde bajo una hoja. Lo toca. Es liso y tibio. "Uno", dice ella. Mamá aplaude.
Siguen. Un huevo rojo está junto a una maceta. Un huevo azul duerme en la sombra. Cada huevo tiene un brillo suave, como una luz pequeña. María sopla y la luz parpadea. Es como magia. Pero la magia es la alegría.
Encuentran cinco, seis, siete huevos. Dentro hay galletas en forma de conejito y papelitos con dibujitos. María abre uno. Sale una galleta en forma de flor. "Mmm", dice María. Papá canta una canción corta. Mamá baila con ella. El conejito de peluche acompaña con saltos pequeñitos.
Vienen los abuelos. Traen una bolsa de colores. Hablan bajo y ríen. Todos pintan un huevo juntos. María pone una mancha de color con su dedo. Es un sol pequeñito en el huevo. Se mancha un poco la cara. Mamá besa su mejilla.
Al final, el sol baja y la cesta está llena. María se acuesta en el regazo de mamá. El jardín se queda tranquilo. María cierra los ojos con una sonrisa.
La Pascua es compartir, pintar y reír.