Una vez, en un soleado día de primavera, una pequeña niña llamada Sofía se despertó muy emocionada. Era el día de Pascua y tenía muchas ganas de salir al jardín. Mamá le puso un bonito vestido amarillo con flores rosas.
«Vamos al jardín, Sofía», dijo mamá con una gran sonrisa.
Sofía salió corriendo al jardín. Los colores brillaban por todas partes. Había huevos de Pascua escondidos entre las plantas. Eran de muchos colores: rojo, azul, verde y amarillo.
«Mira, mamá, ¡un huevo azul!», gritó Sofía feliz.
Mamá le ayudó a recoger los huevos y los pusieron en una canasta. Luego, Sofía vio algo que brillaba en el sol. Era un huevo dorado.
«¿Qué es eso, mamá?», preguntó Sofía, señalando el huevo dorado.
«Es un huevo mágico», dijo mamá. «Si lo tocas, te dará un deseo».
Sofía tocó el huevo dorado y cerró los ojos. Deseó que todos en su familia estuvieran felices y juntos.
Luego, el conejito de Pascua apareció de repente. «Gracias por cuidar mis huevos», dijo el conejito. «Tu deseo se hará realidad».
Sofía sonrió y abrazó a mamá.
La Pascua es un momento especial para compartir y sonreír juntos.