Parte 1: El descubrimiento
Había una vez un niño llamado Tomás. Tomás tenía tres años y le encantaba explorar. Un día, mientras jugaba en el jardín de su casa, encontró una caja misteriosa. La caja era brillante y tenía botones de colores. Tomás, curioso, apretó un botón rojo grande.
De repente, ¡la caja comenzó a brillar! Tomás sintió un cosquilleo y, en un abrir y cerrar de ojos, se encontró en un lugar diferente. "¡Guau!", dijo Tomás.
Estaba en un bosque lleno de árboles altos y flores de muchos colores. Había un dinosaurio pequeño y amigable cerca de él. "Hola", dijo el dinosaurio. "Soy Dino. ¿Quién eres tú?"
"Soy Tomás", respondió el niño con una sonrisa.
Parte 2: La aventura
Tomás y Dino caminaron juntos por el bosque. "Este lugar es hermoso", dijo Tomás. "Nunca había visto algo así". Dino le mostró a Tomás muchas cosas interesantes, como frutas gigantes y aves de colores.
Tomás quería saber más. "¿Cómo llegué aquí?", preguntó a Dino.
"Estás en el pasado", explicó Dino. "Esa caja mágica te trajo aquí".
Tomás pensó que era increíble. "¡Puedo ver cómo era todo antes!", exclamó con alegría.
Mientras exploraban, Tomás vio que el sol comenzaba a ponerse. "Creo que es hora de volver a casa", dijo. Pero no encontraba la caja mágica.
Dino le dijo: "No te preocupes, Tomás. Si piensas en tu casa y presionas el botón verde, volverás".
Parte 3: El regreso
Tomás cerró los ojos. Pensó en su jardín y en su familia. Luego, apretó el botón verde. De repente, sintió el mismo cosquilleo y, ¡puf!, estaba de nuevo en su jardín.
"¡Lo logré!", gritó Tomás, feliz. Estaba de vuelta en casa. Tomás corrió a contarle la aventura a su mamá.
"Mamá, fui a un bosque con un dinosaurio. Era muy bonito", dijo emocionado.
Su mamá sonrió y le acarició la cabeza. "Qué historia tan fantástica, Tomás. Me alegra que estés en casa".
Tomás aprendió que, aunque viajar en el tiempo era divertido, su hogar era el mejor lugar. Y guardó la caja mágica en un lugar seguro, por si alguna vez quería visitar a Dino otra vez.
Desde ese día, Tomás siguió explorando, sabiendo que cada día podía ser una nueva aventura, incluso en su propio jardín.