Pablo tiene cuatro años y le encanta mirar el reloj grande que hay en la cocina. Le gusta ver cómo gira la aguja. Un día, mientras dibuja un dinosaurio, escucha un “tic tac, tic tac” muy fuerte, ¡mucho más fuerte que nunca! Se acerca al reloj con sus pequeños pasos.
De repente, el reloj brilla con luces azules y verdes. Pablo parpadea. “¿Qué pasa aquí?”, dice, curioso pero sin miedo. El reloj habla con una voz suave: “Hola, Pablo. ¿Te gustaría hacer un pequeño viaje en el tiempo?”
Pablo sonríe grande. “¡Sí!”, responde. El reloj gira y gira. Pablo siente que todo da vueltas. ¡Y de pronto, está en otro lugar! El suelo es de tierra, hay árboles extraños y un dinosaurio verde, como el que siempre dibuja. El dinosaurio lo saluda con una voz tranquilita: “Hola, Pablo”.
Pablo se ríe y saluda también. Mira su alrededor. Todo es diferente. Las piedras parecen blandas y las hojas son enormes. Pablo saca su pequeño cuaderno de su bolsillo y escribe: “Día 1. He viajado al pasado. Todo es muy grande. El dinosaurio es simpático”.
El dinosaurio le pregunta: “¿Quieres ver cómo juego con mis amigos?”. Pablo asiente. Hay otros dinosaurios pequeños jugando a la pelota con un coco. Pablo corre y juega con ellos. Se caen y se levantan, todos se ayudan. Pablo aprende: “En el pasado, los amigos también se ayudan”.
De pronto, el reloj brilla otra vez y dice: “Es hora de volver un poquito más adelante”. Pablo siente cosquillas y… ¡puf! Ahora está en un lugar lleno de casas de madera y personas con sombreros antiguos. Una niña le ofrece un trozo de pan. Pablo le da las gracias y apunta en su cuaderno: “Día 2. La gente comparte”.
Pablo ve cómo todos trabajan juntos: unos hacen pan, otros recogen agua, otros arreglan juguetes. Pablo ayuda a poner leña en el fuego. “Gracias, pequeño”, le dicen. Pablo se siente feliz. Escribe de nuevo: “Si todos ayudamos, las cosas salen mejor”.
El reloj vuelve a brillar. Esta vez, Pablo viaja al futuro. Las casas son de colores, hay robots simpáticos que saludan. Un robot le dice: “Hola, Pablo. ¿Quieres plantar una semilla?”. Pablo sonríe y planta una semilla en un jardín. El robot le explica: “Si cuidas la planta todos los días, crecerá fuerte”.
Pablo observa todo. Los niños del futuro recogen basura y juegan sin pelear. Comparten juguetes. Pablo escribe: “En el futuro, cuidar la Tierra es importante”.
El reloj hace “tic tac” de nuevo y le dice: “¿Listo para volver a casa?” Pablo asiente. Siente que gira y gira, y, al abrir los ojos, está otra vez en la cocina, con su cuaderno en la mano.
Mira el reloj, que ahora brilla solo un poquito. Pablo sonríe. Ha aprendido mucho: en el pasado, en el presente y en el futuro, es bueno ayudar, compartir y cuidar. Se lo cuenta a mamá, que lo abraza y le dice: “¡Qué gran viaje, pequeño explorador!”
Antes de dormir, Pablo lee sus notas y piensa: “Hoy fue un día muy especial. Y mañana, haré cosas buenas aquí y ahora”. El reloj le dice bajito: “Siempre puedes aprender, solo hay que observar bien”. Pablo cierra los ojos, feliz y tranquilo, soñando con nuevos viajes y aventuras.