Capítulo 1
Había una vez un niño de tres años que se llamaba Nico. Nico tenía manos pequeñas y ojos curiosos. A Nico le gustaban las cajas, las luces y los botones. Un día, en su habitación, Nico encontró una caja grande y brillante. “¿Qué es esto?”, dijo Nico.
Nico puso una tapa, puso una cuerda y pegó un reloj de juguete. Puso una linterna que hacía sonidos suaves. Puso un botón rojo que hacía ¡plink! cuando lo apretaba. Cada vez que ponía algo, Nico decía: “Más luces. Más sonido.” Más y más. Nico trabajó con cuidado. Nico respetó las piezas. Nico cuidó el lugar donde trabajaba.
Al final, la caja brilló con colores. “Esto es mi máquina del tiempo”, susurró Nico. La máquina era pequeña. La máquina era amable. La máquina tenía una silla que hacía tic-tac. Nico se sentó y dijo: “Vamos”. Apoyó su mano en el botón rojo. La máquina dijo: “Plin-plin”. Y con un suave brillo, la máquina saltó en el tiempo.
Capítulo 2
De pronto, Nico vio luz y florecillas de colores que brillaban como caritas. Nico estaba en el pasado. Era un bosque donde los árboles hablaban con hojas suaves. Nico vio animales pequeños que sonreían. “Hola”, dijo Nico. “Hola”, dijo una ardilla con una voz dulce.
Nico caminó y caminó. Aprendió que en el pasado la gente vivía con otras cosas. Vio niños que jugaban con piedras que cantaban. Nico compartió su galleta. “¿Quieres?”, preguntó. “Sí, por favor”, dijo un niño. Nico aprendió a decir por favor y gracias. Nico vio que respetar a los demás hacía que todos sonrieran.
Luego, la máquina hizo ¡plink-plonk! y Nico volvió a apretar el botón. Esta vez la luz fue diferente: colores brillantes, como un arcoíris fuerte. Nico llegó al futuro. El futuro era limpio. Había coches que flotaban como barcos suaves. Había casas que respiraban y decían buenos días.
Un robot pequeño se acercó. Tenía ojos como botones azules. “Hola”, dijo el robot. “Hola”, dijo Nico. El robot pidió ayuda para ordenar flores que parecían estrellas. “¿Me ayudas?”, preguntó el robot. “Sí”, dijo Nico. Nico puso las flores en su lugar. Nico aprendió a respetar las cosas nuevas, a tocar con cuidado y a escuchar con los oídos abiertos.
Capítulo 3
En el viaje, apareció un pequeño problema. Nico pisó sin querer un dibujo de arena que mostraba un recuerdo. La arena se movió y las figuras se cambiaron. Nico se asustó un poquito. La máquina timbró suave: “No te preocupes”. Una voz dulce dijo: “Respira”. Nico respiró. Uno, dos. Nico dijo: “Lo siento”, y con cuidado, con respeto, arregló el dibujo con manos suaves. Todo volvió a su lugar.
“Las cosas del tiempo son frágiles”, dijo la máquina con voz de campana. “Cuida las cosas, respeta los recuerdos”. Nico escuchó. Nico prometió ser cuidadoso. “Prometo”, dijo. La promesa calentó su corazón como una manta.
Había curiosidades divertidas. Nico vio un pájaro que sabía contar hasta tres. “Uno, dos, tres”, piaba el pájaro. Nico rió. Riendo, Nico aprendió que viajar en el tiempo también es aprender a conocer. Aprendió que preguntar es bueno. “¿Por qué?”, preguntó Nico muchas veces. “¿Por qué las estrellas se mueven? ¿Por qué los árboles cantan?” Cada amigo del tiempo le respondió con paciencia y ternura.
Capítulo 4
Al final del día, Nico apretó el botón rojo otra vez. La máquina hizo un abrazo de luz. “Adiós”, dijo el robot. “Adiós”, dijeron los niños del pasado. “Adiós”, dijo la ardilla. Nico sonrió y dijo: “Gracias”.
La máquina volvió a la habitación de Nico. Todo estaba igual y todo estaba más brillante. Nico miró sus manos pequeñas. Nico miró su caja brillante. Nico guardó la máquina con cuidado en el estante, como si fuera un cuento que respira. Cerró la tapa y dijo: “Hasta luego, tiempo”.
Su mamá entró y dijo: “¿Listo para la cena?” Nico asintió. “Sí, mamá”. En la mesa, Nico contó sus aventuras con palabras sencillas. Dijo por favor y gracias. Dijo que había sido amable y que había cuidado todo. Su mamá sonrió. “Qué bueno”, dijo ella.
Nico se fue a la cama. Antes de dormir, acarició su caja. “Te cuidaré”, murmuró. La caja brilló un poquito, como si dijera hola. Nico cerró los ojos. Soñó con árboles que cantan y robots que ordenan flores. Soñó con respetar siempre. Y durmió tranquilo, sabiendo que el tiempo es un amigo y que cuidar es amor.