En una montaña alta y verde, vivía un tricératops llamado Tito. Tito era un dinosaurio grande y amable, con tres cuernos en su cabeza y un cuerpo fuerte. Le gustaba pasear entre los árboles y comer hojas frescas.
Un día, mientras caminaba, Tito escuchó un sonido extraño. "¿Qué será eso?", pensó Tito. Se acercó y vio a una pequeña estegosaurio llamada Estela. Estela tenía placas brillantes en su espalda y una cola que movía de un lado a otro. "¡Hola!", dijo Estela con una sonrisa. "Estoy buscando comida. ¿Quieres ayudarme?"
Tito sonrió y respondió: "¡Sí! Vamos juntos." Los dos amigos comenzaron a buscar hojas ricas y verdes. "Mira, aquí hay muchas", dijo Tito. Estela se rió y dijo: "¡Son deliciosas!" Los dos dinosaurios comieron y se llenaron de energía.
Después de comer, Tito y Estela jugaron en la montaña. Saltaron sobre rocas y corrieron bajo el sol. "¡Eres muy rápido!", dijo Estela. "Tú también!", respondió Tito. Se reían y disfrutaban de su amistad.
Al caer la tarde, Tito dijo: "Hoy fue un día maravilloso." Estela asintió y dijo: "Sí, Tito. Eres un buen amigo." Los dos dinosaurios se miraron y sonrieron.
La montaña era su hogar, llena de aventuras, risas y amistad. Y así, Tito y Estela siguieron explorando, siempre juntos, siempre felices.