Riri el velociraptor vive en un valle verde. El sol brilla. El aire huele a hojas. Riri salta y canta bajito.
Hoy quiere jugar con una piedra lisa. La mira. La toca. La piedra rueda y rueda. Se va al río.
Riri corre. Sus patas hacen “tap, tap”. En la orilla ve a Tano el triceratops. Tano bebe agua.
«Hola, Tano», dice Riri.
«Hola, Riri», responde Tano. «¿Buscas algo?»
«Mi piedra se fue», dice Riri, con ojos grandes.
«Vamos juntos», dice Tano, con voz suave.
En el agua la piedra brilla. Pero está un poco lejos. Riri se queda quieto. No quiere mojar su cola.
Llega Lila la diplodocus. Su cuello es alto, alto.
«¿Qué pasa?», dice Lila.
«La piedra está ahí», dice Riri.
Lila mira el río. Sonríe.
«Yo puedo», dice Lila. Mete su cola en el agua, muy despacio. La cola toca la piedra. La empuja. La piedra viene a la orilla.
Riri ríe. «¡Gracias!»
Tano aplaude con sus patas. «¡Bien!»
De pronto, el agua hace un brillo azul. Un pececito de luz salta y salta. No da miedo. Es dulce. Hace “plin, plin”. El pececito deja una burbuja redonda sobre la piedra.
Riri toca la burbuja. La burbuja suena “pop” y sale un polvito dorado. El polvito cae en sus manos. Riri lo sopla. Las hojas bailan. El río canta.
«Es magia del río», dice Lila.
«Qué lindo», dice Riri. Abraza su piedra.
Los tres caminan juntos al valle, tranquilos y contentos.
Moraleja: Cuando pides ayuda con cariño, la magia de la amistad llega rápido.