Había una vez un gran dinosaurio, un tiranosaurio llamado Tiri. Tiri vivía en una montaña. ¡Era muy alta y muy divertida!
Un día, Tiri dijo, “¡Voy a explorar!” Caminó y caminó. “¡Mira, un árbol gigante!” exclamó. El árbol era verde y lleno de hojas. Tiri sonrió. “¡Me gusta!”
Tiri subió una roca. “¡Uy, qué alto!” gritó. Desde allí, vio a otros dinosaurios. “¡Hola, amigos!” llamó. Eran brontosaurios. “¡Hola, Tiri!” respondieron. “¿Quieres jugar?”
“¡Sí!” dijo Tiri con alegría. Jugaron a corretear. “¡Corre, corre, Tiri!” dijo uno. “¡Soy rápido!” Tiri corría muy rápido. “¡Soy un buen corredor!” Todos reían.
Después de correr, Tiri dijo, “Tengo hambre.” Los brontosaurios dijeron, “Vamos a buscar comida.” Fueron a un valle. Había muchas frutas. “¡Mmm, deliciosas!” dijo Tiri. Comieron frutas dulces. “¡Qué rico!” dijo Tiri.
Luego, Tiri vio algo en el cielo. “¡Mira! ¡Pájaros!” gritó. Eran pterosaurios volando. “¡Hola, pterosaurios!” llamaron los amigos. “¿Quieren jugar?” Los pterosaurios dijeron, “¡Sí!”
Tiri y sus amigos miraron al cielo. “¿Nos pueden llevar?” preguntó Tiri. “¡Claro!” dijeron los pterosaurios. Volaron todos juntos sobre la montaña. “¡Es tan bonito!” dijo Tiri, mirando abajo.
Al final del día, Tiri regresó a su hogar. “¡Fue un gran día!” dijo feliz. “¡Exploré, jugué y comí!” Y así, Tiri se acomodó en su cama de hojas. “¡Buenas noches, amigos!” dijo. Todos durmieron felices. Fin.