En el bosque grande y verde vive Tino, un pequeño tyrannosaurus. Tino tiene unos brazos cortitos, pero una sonrisa muy, muy grande. Un día, Tino sale a pasear. El sol brilla. Tino ve una mariposa azul; la mariposa vuela y Tino la sigue.
En el camino, Tino encuentra a Lila, la triceratops. “Hola, Tino”, dice Lila. “¿Vamos a jugar?” Tino dice “Sí, vamos juntos.” Caminan despacito y miran las flores. Las flores huelen rico y los dos se ríen.
De pronto, escuchan un ruido. Es Dino, el diplodocus. Dino dice “¿Jugamos también?” Tino sonríe y dice “Sí, Dino. Ven con nosotros.” Los tres amigos caminan y caminan. Ven hojas grandes y árboles altos. El viento sopla suave. Los dinos hablan y se cuentan cosas bonitas.
Un poquito más lejos, ven una piedra redonda. Tino dice “¿Qué es eso?” Lila responde “Vamos a mirar.” Se acercan y ven que es un huevo grande. El huevo se mueve y ¡crack! De adentro sale un bebé dinosaurio. Todos se acercan. “Hola, pequeño”, dice Tino. El bebé sonríe.
Tino, Lila y Dino cuidan al bebé. Están contentos. Cantan juntos canciones suaves. El sol brilla, los árboles bailan con el viento, y todos se sienten bien.
Siempre es bonito ayudar y jugar con los amigos.